Diferencia entre cultura y tradición representada mediante una ilustración sobre cambio, continuidad y transformación cultural.
La tradición forma parte de la cultura, pero la cultura también implica cambio, reinterpretación y conflicto.

Por qué la cultura no es tradición (y por qué solemos confundirlas)

Una forma común, y también fácil, de pensar la cultura es como la suma de todas las fiestas populares, el folklore, los trajes típicos y, en definitiva, todas aquellas costumbres que parecen repetirse sin variación alguna desde siempre. Es un proceso casi automático: ¿cultura? Todas aquellas tradiciones que nos llegan del pasado y que se transmiten de generación en generación.

Esta forma de entender la cultura parte de una intuición sobre la importancia del pasado en nuestras vidas, pero resulta limitada.

Tradición: transmisión y pasado

El concepto de tradición remite, sobre todo, a la transmisión, a la comunicación.

Consideramos algo como tradicional cuando lo heredamos, cuando pasa de unas generaciones a otras, cuando lo conservamos en el tiempo. La tradición se vincula al pasado, a lo que ya existía antes de nosotros, pero se recrea y se reproduce constantemente en el presente.

En este sentido, la tradición cumple una función importante. Permite dar continuidad a ciertas prácticas, mantener vínculos con el pasado y construir formas de identidad compartida.

Por qué no podemos reducir la cultura a la tradición

Identificar la cultura solo con las tradiciones supone reducirla, encasillarla en un marco muy estrecho: aquellos rasgos del pasado que se se conservan en el presente.

La cultura así entendida sería solo aquello que permanece de generación en generación, lo que no cambia, lo que se mantiene intacto a lo largo del tiempo.

Sin embargo, esta idea deja fuera una parte fundamental de la vida social: el cambio social.

Si la cultura fuera únicamente tradición, si solo consistiera en la presencia del pasado en el presente, no podríamos explicar la aparición de nuevas formas de vida, nuevos valores o nuevas prácticas. Tampoco podríamos entender los cambios, las transformaciones y los conflictos que se dan en todas las sociedades.

Reducir la cultura a la tradición equivale a congelarla en el tiempo.

La cultura también es presente, cambio y conflicto

Frente a esta visión estática de la cultura, la antropología propone una versión más amplia.

Lejos de ser un mero de proceso de transmisión, la cultura se reproduce, se modifica y se transforma en cada una de nuestras acciones. En nuestras vidas tenemos muchas más posibilidades que limitarnos, de forma mecánica, a reproducir el pasado. Tenemos la posibilidad de reinterpretarlo a cada paso.

El antropólogo Clifford Geertz comenzó a entender la cultura como un entramado de significados en el que todas las personas estamos inmersas. Esta red de símbolos y significados, sin embargo, no es algo fijo. Cada práctica, cada interacción, cada reinterpretación modifica, en mayor o menor medida, esa red conocida también como cultura.

Ahondando en el estudio de las tradiciones, el historiador Eric Hobsbawm afirma que, contrariamente a lo que solemos pensar, muchas tradiciones son, en realidad, relativamente modernas. Algunas tradiciones, desde luego, se heredan del pasado, pero un buen número de ellas se construyen, se seleccionan y se reinventan desde el presente.

La cultura no implica únicamente continuidad, sino también cambios y conflictos.

No todas las formas de entender y de estar en nuestro mundo conviven de manera armoniosa. En cualquier grupo social se dan tensiones, disputas y desacuerdos en relación con las prácticas que deben mantenerse, abandonarse o transformarse.

Un ejemplo cotidiano: del cine al streaming

Pensemos en algo aparentemente simple: el consumo de productos audiovisuales.

Hace apenas unas décadas, el consumo audiovisual se reducía a unos pocos canales de televisión y, dependiendo del lugar, algunas salas de cine. Hoy la oferta es inmensa como también lo son los diferentes dispositivos y contextos en los que podemos consumir contenidos. 

El consumo de contenidos en plataformas de streaming no es una práctica heredada de nuestras madres, de nuevas abuelas. Sin embargo, es una práctica que forma parte de nuestra vida cotidiana, es parte de un sistema de significados compartidos que aprendemos, negociamos y transformamos constantemente. 

¿Es esto cultura? Sin duda.
¿Es tradición? Difícilmente.

Lo mismo ocurre con muchos otros ámbitos de nuestra vida social como, por ejemplo, nuestras formas de ocio, relaciones laborales o dinámicas familiares. La cultura va más allá de lo que permanece y abarca, especialmente, todo aquello que está en constante transformación. 

¿Qué relación hay entre tradición y cultura?

La tradición forma parte, sin duda, de la cultura; es uno de sus componentes, no su definición.

La tradición representa una de las dimensiones temporales de la cultura, la continuidad, en lo que se refiere a la transmisión y la pervivencia de prácticas, valores y significados en el tiempo. Pero la cultura incluye también otras dimensiones igualmente importantes como la innovación, la reinterpretación, el conflicto y el cambio.

Confundir cultura y tradición equivale a reducir la complejidad de nuestra vida social a una sola de sus dimensiones.

La tradición es una parte de la cultura, no la cultura en sí misma.

Por qué importa distinguir entre cultura y tradición

Distinguir entre cultura y tradición no es un vicio teórico de las antropólogas. Nuestras formas de observar y de entender el mundo cambian en función de dónde ponemos el acento.

Al pensar la cultura como si fuera, exclusivamente, tradición es posible caer en la trampa de verla como un elemento estático, vinculado al pasado y resistente al cambio. De esta manera, es frecuente la defensa de determinadas prácticas sociales porque “siempre han sido así”. Piensa, por ejemplo, en las resistencias, los conflictos y las tensiones en torno al matrimonio heterosexual y al matrimonio homosexual.

Situar a la cultura como un proceso dinámico, esto es, sujeto a cambios y transformaciones, posibilita reconocer que todas las prácticas sociales, incluso aquellas “más tradicionales”, están sujetas a la innovación y al cambio. Continuando con el ejemplo anterior, el matrimonio nunca fue “tal y como siempre lo hemos conocido” y, sin ninguna duda, tampoco será “exactamente igual” en el futuro”.

Tradición ≠ cultura

Poco a poco las antropólogas hemos construido una imagen de la cultura que va más allá de tradición. También incluye el presente, los cambios y los conflictos.

Quedarnos, simplemente en lo heredado como definición de la cultura supone olvidar u obviar cómo se construye la realidad social. Nuestras prácticas se repiten, desde luego, pero también se transforman, se discuten y, en no pocas ocasiones, se rechazan y se olvidan (¿para siempre?).

Señalar las diferencias entre cultura y tradición no significa renegar de esta última. Más bien, se trata de encontrar su lugar como una de las múltiples dimensiones de la cultura y no ya como su propia definición.

Para seguir explorando

Si quieres profundizar en esta cuestión, puedes continuar con los siguientes textos:

La cultura no se limita a lo que heredamos; incluye, también, todo aquello que transformamos en el presente.

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