Lugares de la memoria antifascita: la pasta asciutta italiana
Al hablar de lugares de memoria, nuestro sentido común nos invita a pensar en plazas, calles, estatuas, museos,… Lugares, en definitiva, donde ocurrió algún evento histórico importante. Sin embargo, Pierre Nora (2008) no se refería únicamente a espacios físicos. También invitaba a pensar como lugares de memoria libros, fechas, costumbres o incluso personas. Más que por su forma, Nora caracterizó a estos lugares por su carga simbólica y emocional. De este modo, estos lugares pueden ser defendidos como dispositivos material-simbólicos en donde el pasado se condensa, se conserva y se reactiva en el presente. La comida también puede convertirse en un lugar de memoria. Desde un plano estrictamente personal, muchas personas recordamos alguna receta de nuestras abuelas, de nuestra infancia, de cómo celebrabamos la Navidad,… Ampliando la escala, los grupos sociales también pueden vincularse a su pasado a través de prácticas culinarias que lo reinterpretan, lo encarnan y lo hacen vivible. La memoria no es, simplemente, un espacio de recuerdos al que acudir de vez en cuando en un arrebato nostálgico. La memoria también se cocina, se comparte y se come.








