Ante las dificultades que presenta el estudio de las ciudades, algunos autores han recurrido a las metáforas como vía de análisis. En este texto presento una ellas -la porosidad-, vinculándola a la figura del flâneur. En su tránsito desde la literatura a los estudios urbanos, esta figura permite observar a las ciudades como procesos abiertos y dinámicos, sin cierre definitivo. Al mismo tiempo, desde una perspectiva crítica, señala dudas sobre su aplicación y los sesgos que puede presentar, especialmente en relación con el género.
Metáforas
La ciudad se presenta como un objeto escurridizo. Resulta difícil aprehenderla mediante dicotomías, antitítesis o definiciones cerradas que la dotan de una esencia inmutable. En el intento de garantizar su continuidad como objeto de análisis en la antropología urbana, algunas definiciones sintéticas pueden descuidar la heterogeneidad de acciones, agentes y procesos sociales que se interrelacionan en los espacios urbanos. con y en las ciudades. Por el contrario, el énfasis en ciertos procesos sociales considerados prevalentes devuelve con frecuencia el debate a la casilla de salida.
Este carácter esquivo de las ciudades, su reticencia a ser capturada teóricamente, se vincula a la consideración de los espacios urbanos como “uno de esos ámbitos en los que puede manifestarse, imaginarse o realizarse todo lo que es posible en el plano de la sociedad” (Cucò, 2008:84). Las ciudades, entendidas como laboratorios de la acción social, aparecen así como cúmulos de potencialidades inscritas en la imprevisibilidad (Amin y Thrift, 2005:20). La vida urbana queda asociada a la improvisación, lo imprevisto y lo imprevisible.
Antes que abandonarse al ámbito de lo aleatorio, Amin y Thrift (2005) proponen un desplazamiento analítico que atienda a las ciudades como un lugar de movilidades, flujos y prácticas cotidianas. Como subraya Alfredo Mela (en Amin y Thrift, 2005:8) , este giro exige una transformación del imaginario urbano: de las formas de representación, de las asociaciones de ideas y de los nexos semánticos que organizan nuestra comprensión de las ciudades. En este marco, el uso de metáforas permite captar la recurrencia de las prácticas cotidianas desde un registro sensorial y poético (Amin y Thrift, 2005:28), al tiempo que facilita un tránsito flexible entre teorías y conceptos reagrupadas bajo nuevos significantes.
La metáfora se liga a los estudios urbanos por una triple capacidad heurística. En primer lugar, conecta el lenguaje metafórico con acciones sociales concretas, inscribiendo el análisis en un marco antropológico. En segundo lugar, permite evitar la reificación de los espacios urbanos mediante definiciones reduccionistas , incluso en autores que, pese a captar la complejidad de las ciudades, tienden a generalizarla a partir de ciertos procesos dominantes (Amin y Thrift, 2005:27) . Y en tercer lugar, como señala Paul Feyerabend (1986:14), la metáfora puede integrar un número variable, incluso contradictorio, de conceptos y teorías, funcionando como un espacio de convivencia teórica que invita a repensar la ciudad desde una pluralidad de puntos de vista.
Breve arqueología del flâneur
Una figura recurrente para acceder a alguna de las metáforas urbanas es la del flâneur. Traducido comúnmente como “paseante”, a esta figura se le atribuye la capacidad de aprehender los significados de la vida cotidiana a partir del deambular errático por las calles. La flânerie no supone solo un desplazamiento material, sino que constituye, como sugiere Howard Caygill a propósito de Walter Benjamin (1998:52), una vía metodológica basada en la observación atenta de detalles inadvertidos, matices y esfumaturas de la acción social.
Antes que Benjamin, Edgar Allan Poe esboza la primera figura del flâneur en El hombre de la multitud (1840). Desde la ventana de su hotel, Poe narra cómo
Miraba a los transeúntes en masa y pensaba en ellos como formando una unidad amalgamada por sus características comunes. Pronto, sin embargo, descendí a los detalles y observé con minucioso interés las innumerables variedades de tipos, vestidos, aires, portes, aspectos y fisonomías.
Cuando finalmente Poe decide sumergirse en la ciudad, lo hace siguiendo a un anciano peculiar. Durante su persecución Poe recorre Londres con avidez y sin destino aparente al tiempo que ofrece pequeñas pinceladas de la vida urbana desde dentro de la multidud urbana.
Charles Baudelaire (1863, 1995) retomará esta noción de “multitud” y la convertirá en el dominio flâneur, del mismo modo que “el aire es del pájaro, como el agua el del pez” (p.86). Este dominio se caracteriza por lo ondulante, lo fugitivo, lo infinito. La flânerie aparece entonces como una “facultad de ver” el mundo no universalmente compartida (p.90), escenificada en el hecho de
Estar fuera de casa, y sin embargo sentirse en ella en todas partes; ver el mundo, estar en el centro del mundo y permanecer oculto al mundo, tales son algunos de los menores placeres de estos espíritus independientes, apasionados, imparciales (Baudelaire, 1995:87)
En esta primigenia imagen, el flâneur no se limita a deambular por la ciudad: su experiencia precisa un proceso de escritura posterior. Al igual que una etnógrafa frente a su diario de campo, el flâneur
se inclina sobre su mesa, clavando en una hoja de papel la misma mirada que fijaba hace poco en las cosas, esforzándose con su lápiz, su pluma, su pincel, salpicando el techo con el agua del vaso, secando su pluma con su camisa,impaciente, violento, activo, como si temiera que las imágenes se le fueran a escapar, belicoso aunque solo, y zarandeándose a sí mismo. (p.90)
Walter Benjamin: de la flânerie a la porosidad
La actitud del flâneur cobra relevancia teórica a partir de la estancia de Walter Benajmin en Italia durante 1924. Según Douglas Smith este desplazamiento (2021:242), se inscribe en un movimiento más amplio de intelectuales alemanes vinculados a la Escuela de Frankfurt -Ernst Bloch, Alfred Sohn-Rethel, Siegfried Kracauer o Theodor Adorno-, para quienes Italia se convirtió en un espacio de experimentación vital e intelectual tras la Primera Guerra Mundial. Benjamin denominaría posteriormente a este grupo como “proletariado intelectual errante”.
Durante este período, Benjamin desarrolla una forma fragmentaria de escritura que se convertirá en su sello personal: las Denkbilder o imágenes mentales (Smith, 2021:243). Prueba de ello es el texto sobre Napolés escrito junto a Asja Lascis en 1925 (1992), done se presentan, de forma discontinua, variaciones en torno al concepto de porosidad y la ausencia de fronteras estables en la vida social.
Nápoles aparece descrita como una ciudad en la que “Todo conserva un espacio que puede convertirse en escenario de nuevas constelaciones imprevistas. Se evita lo definitivo, lo acuñado. Ninguna situación actual está dada para siempre, ninguna figura pronuncia su ‘así y no de otra manera’” (Benjamin, 1992:16). Nápoles se muestra como un lugar de mezcolanza e improvisación fruto de su porosidad al pasado, de su capacidad continua de modelarse y remodelarse a partir de las prácticas cotidianas. “La porosidad es la ley que siempre vuelve a descubrirse, inagotable, en esta vida” (p.20).
Esta caracterización supone que la vida urbana no atiende a convenciones y oposiciones jerárquicas entre distintos elementos implicados en una supuesta estructura urbana como religioso/profano o público-privado. Más bien, concluye Smith (2021), responde a la constante transformación de prácticas sociales en apariencia antitéticas cuya resignificación podría llegar a producir efectos desconcertantes (p.244). Las ciudades porosas se configuran así como espacios abiertos a la experimentación, la improvisación y la innovación social.
Deambular después de Benjamin
Aunque la porosidad no tuvo mucho mayor recorrido en la obra de Benjamin (Smith, 2021:246), su huella puede seguirse hasta el presente. En el ámbito del urbanismo es significativa la coincidencia temporal del texto de Benjamin y Lascis con el Plan Voisin del arquitecto Le Corbusier. Dicho plan, en cierto modo, anticiparía el contenido de La Carta de Atenas (1933) y el futuro desarrollo de la ciudad funcional: un modelo racionalista de idear, construir y habitar las ciudades que permearía la organización territorial y urbana durante buena parte del siglo XX.
La ciudad funcional de Le Corbusier y la ciudad porosa de Benjamin pueden considerarse como modelos antinómicos que defienden concepciones del espacio urbano irreconciliables. La estabilidad, la rigidez y la característica monofuncionalidad del ordenamiento urbano racionalista entran en conflicto con ciudades donde la remodelación y la resignificación son un proceso constante a partir de la indeterminación y la improvisación propia de la acción social.
Este debate reaparece en la planificación urbana contemporánea. La Nueva Carta de Atenas (1998) parece seguir algunas de las intuiciones del flâneur al promover la mezcla de usos y la diversidad como fuentes de vitalidad urbana. En esta línea se sitúan, por ejemplo, las propuestas del urbanista Richard Sennet (2020) en torno a las “ciudades abiertas”: lugares complejos, llenos de contradicciones y ambigüedades que enriquecen la experiencia cotidiana del habitar (p.17)
En las ciencias sociales, la flânerie puede intuirse en algunas estrategias metodológicas basadas en la inmersión perceptiva, emocional y sensorial de la etnógrafa. La deambulación, como estrategia que busca la interpretación y la comprensión de la cotidianidad urbana, permitie así un acercamiento fenomenológico a la complejidad vivida de las ciudades.
Sin embargo, Amin y Thrift (2005) muestran reticencias metodológicas frente a la flânerie (p.30-ss). El flâneur es una persona dotada de un talento, de una sensibilidad y de una ciencia poética que, en una clara resonancia a Baudelaire (supra), no todas las personas poseen. El excesivo peso de la subjetividad, el talento individual y la sensibilidad del flâneur dificultan que la deambulación pueda ser considerada una metodología sistemática para la investigación urbana.
Este énfasis en el sujeto no solo presupone la existencia de diferentes experiencias e interpretaciones individuales del espacio urbano, sino que, irremediablemente, pone el acento en las características de quien deambula. Una de las críticas más extendidas señala como la figura del flâneur nunca ha sido de género neutro: representa una visión de la ciudad falogocéntrica y patriarcal (Amin y Thrift, 2005; Mateos 2020). Los atributos del caminante masculino -“su condición de anonimato, su invisibilidad, su capacidad para hacerse partícipe de la muchedumbre y recorrer el espacio urbano atento a lo que ocurre, más sin llamar la atención” (Mateos, 2020:195)- no son compartidos por su contraparte femenina, la flâneuse.
Como señalan Mateos (2020) y Wilson (1992), las mujeres no consiguen pasar desapercibidas en el espacio público. En sus recorridos de la ciudad, las mujeres son construidas como objetos a ojos de los hombres, anulando así su experiencia como sujeto individual.. Lejos del goce y la experiencia estética, sentencia Mateos (2020), el caminar de la flâneuse se presenta como una “experiencia de denuncia social” (p.197) al estar atrevesada por la la violencia física y sexual, el acoso o la pornografía (Wilson, 1992: 110).
La crítica a la posición subjetiva del rol de flâneur puede extenderse más allá de la cuestión de género y abarcar todas las variables sociológicas (clase, edad, procedencia, …). Preguntarse por la identidad de los caminantes es hacerlo también por las relaciones de poder que delimitan las posibilidades de tránsito en el espacio urbano. Pero entonces ya no estaríamos simplemente deambulando a la espera de adquirir una experiencia sensorio-perceptiva de nuestro entorno. El conjunto de teorías y metodologías aplicadas al estudio del ámbito urbano, concluyen Amin y Thrift (2005), se encuentran lo suficientemente desarrolladas en la actualidad como para renunciar a ellas y abandonarnos al instinto y a las capacidades del flâneur.

Bibliografía
Amin, Ash; y Thrift, Nigel
2005 Città. Ripensare la dimensione urbana. Il Mulino
Baudelaire, Charles
1995 El pintor de la vida moderna. Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos. Libreria Yerba
Benjamin, Walter
1992 “Nápoles” en Cuadros de un pensamiento. Imago mundi,pp. 13-26
Caygill, Howard
1988 Walter Benjamin. The Colour of Experience. Routledge
Cucò i Giner, Josepa
2004 Antropolgia Urbana. Ariel Antropologia
Feyerabend, Paul
1986 Tratado contra el método. Esquema de una teoría anarquista del conocimiento. Tecnos
Mateos De Manuel, Victoria
2019 “La flâneuse imposible: el acto de callejear desde una lectura feminista” en La ciudad: imágenes e imaginario : Actas del Congreso Internacional Interdisciplinar pp. 194-202
Sennet, Richard
2020 Costruire e abitare. Etica per la città. Universale Economica Feltrinelli
[Edición en español: 2018 Construir y habitar: Ética para la ciudad . Anagrama]
Smith, Douglas
2021 “Porosity and the transnational: travelling theory between Naples and Frankfurt (Walter Benjamin, Aska Lacis and Ernst Bloch)” en Forum for Modern Language Studies Vol. 57, No. 2, pp. 240-259
Wilson, Elisabeth
1992 “The Invisible Flâneur” en New Left Review I/191 Jan/Feb 1992

