Cuando la memoria también se cocina
Al hablar de lugares de memoria, nuestro sentido común nos invita a pensar en plazas, calles, estatuas, museos,… Lugares, en definitiva, donde ocurrió algún evento histórico importante. Sin embargo, Pierre Nora (2008) no se refería únicamente a espacios físicos. También invitaba a pensar como lugares de memoria libros, fechas, costumbres o incluso personas.
Más que por su forma, Nora caracterizó a estos lugares por su carga simbólica y emocional. De este modo, estos lugares pueden ser defendidos como dispositivos material-simbólicos en donde el pasado se condensa, se conserva y se reactiva en el presente.
La comida también puede convertirse en un lugar de memoria. Desde un plano estrictamente personal, muchas personas recordamos alguna receta de nuestras abuelas, de nuestra infancia, de cómo celebrabamos la Navidad,… Ampliando la escala, los grupos sociales también pueden vincularse a su pasado a través de prácticas culinarias que lo reinterpretan, lo encarnan y lo hacen vivible. La memoria no es, simplemente, un espacio de recuerdos al que acudir de vez en cuando en un arrebato nostálgico. La memoria también se cocina, se comparte y se come.
El nacimiento de la pastasciutta antifascista
Antes de poner el agua a hervir para cocinar la pasta, hay que entender el contexto en el que nace esta historia. Desde la primavera de 1943 comienza a percibirse una descomposición acelerada del régimen fascista de Benito Mussolini. La situación de Italia en la Segunda Guerra Mundial era crítica: sus aspiraciones coloniales en África habían fracasado estrepitosamente, los aliados habían comenzado a bombardear el país y, ya en verano, incluso desembarcaron en Sicilia.
A esta creciente vulnerabilidad producto del conflicto armado, habría que sumar un creciente descontento interno. Crecieron las huelgas obreras en el norte industrial, el régimen fue perdiendo legitimidad y creció el disenso dentro del propio gobierno fascista. Con un sentimiento de desastre inminente, el 25 de julio de 1943 el Gran Consejo Fascista votó a favor de la destitución y el arrestro de Benito Mussolini. A pesar de que el fascismo no desapareció de un día para otro, gran parte de la población lo vivió como si fuera el fin del régimen
Cuando la noticia llega a Campegine, un pueblo de Emilia Romagna, los vecinos se lanzaron a las calles en una mezcla de entusiasmo y esperanza. Los Hermanos Cervi presienten que se trata de un día muy importante así que toman la iniciativa: hay que organizar una comida popular en la plaza del pueblo. Una celebración popular, espontánea, que transformó un acontecimiento político en una experiencia compartida.
Como otras muchas recetas (y también grandes historias), la pasta asciutta antifascista nace con los ingredientes que se tienen a mano. Un poco de harina, mantequilla y queso. Los ingredientes se empiezan a cargar en un carro, se llama a las vecinas que aportan lo que pueden y así, poco a poco, fueron reuniéndose todos los habitantes en la plaza del pueblo.
Como recuerda Alcide Cervi, padre de los Hermanos Cervi, aquella tarde se prepararon “cientos de kilos de pasta”. Al ruido del ir y venir de calderos, al incesante borboteo del agua en ebullición y la algarabía general, se unían, también, un coro de discursos antifascistas.
La Banda Cervi y la resistencia antifascista
Los Cervi no eran una familia cualquier. Alcide Cervi y sus siete hijos habían formado el grupo partisano de la Banda Cervi. Estos campesinos antifascistas eran conocidos en la zona por sus formas de resistencia cotidiana y por su lucha militar contra el fascismo y, posteriormente, contra la ocupación nazi. A lo largo de 1943 el hogar familiar se convirtió en un lugar segudo, en un refugio, para militantes antifascitas, partisanos, prisioneros políticos y partisanos. La Casa Cervi operaba como un espacio de sociabilidad y organización en la que lo político se entralazada de manera indistinguible de lo cotidiano.
La historia de la Banda Cervi tiene un triste desenlace. En diciembre de 1943 la mayor parte de este grupo partisano fue arrestada por las tropas fascistas y encarcelados en la prisión Servi en Reggio Emilia. A pesar de los intentos de controlar la intensidad de las represalias, los siete hermanos Cervi fueron fusilados el 28 de diciembre tras el asesinato del secretario del ayuntamiento de Bagnolo in Piano.
Siempre me han dicho: “Eres como un roble del que crecieron siete ramas, y estas fueron cortadas, pero el roble no está muerto”. La metáfora es hermosa y a veces lloro. Pero fíjense en la semilla, porque el roble morirá, y ni siquiera servirá para el fuego. Si quieren comprender a mi familia, fíjense en la semilla. Nuestra semilla es el ideal en la mente del hombre.
Alcide Cervi durante el funeral de sus sietes hijos en octubre de 1945
¿Por qué la pasta asciutta es un “lugar de la memoria”?

De vuelta al trabajo Nora (2008), los lugares de memoria son formas de fijar el pasado en prácticas, objetos o rituales. La pasta asciutta antifascista manifiesta las tres características principales de los lugares de la memoria: posee una presencia tangible, material; cumple una función de conservación y activación de la memoria: y encarna un significado o una identidad colectiva más allá de lo evidente.
La pasta asciutta deja de ser un ser un simple recuerdo, una repetición, de los hechos ocurridos el 25 de julio de 1943 en Campegine. El recuerdo de esta comida popular se ha transformado en una práctica ritualizada que se recupera el pasado y lo actualiza en el presente a lo largo de toda Italia. Organizadas por grupos como la Asociación Nacional de Partisanos de Italia (ANPI) o la Associazione Ricreativa Culturale Italiana (ARCI), en estas ocasiones cocinar y compartir un plato de pasta deja de ser un acto neutro y se convierte en un símbolo antifascista.
Desde una mirada etnográfica, lo interesante no es solo lo que se recuerda, sino cómo se recuerda. En estos eventos, la memoria se experimenta corporalmente: comer juntos, ocupar el espacio público, compartir mesa. Es una memoria que no pasa únicamente por el discurso, sino por la práctica.
La memoria en acto
La memoria no siempre se conserva en archivos o documentos. Algunas veces sobrevive en gestos tan cotidianos como compartir un almuerzo. Entender la pasta asciutta como un lugar de memoria significa, reconocer que el pasado no es algo cerrado, ajeno a nosotras, al que solo recurrimos a través de nuestros recuerdos. Compartir un plato de pasta es mucho más que recordar de memoria, sacrificio y sentido político ; en cada bocado reactivamos, renegociamos y encarnamos nuestro compromiso antifascista siempre actualizado, siempre necesario.
Cada vez que ponemos a hervir el agua y recuperamos la receta de la pastasciutta reconectamos nuestra cotidianidad con uno de los momentos más oscuros de la historia italiana contemporánea. Pero también traemos de vuelta al presente el espírituo combativo de la Banda Cervi en una actualización constante de nuestro compromiso antifascista en el presente.
Receta para cinco personas
Ingredientes
500 gr.de pasta (da igual el formato)
200 gr de mantequilla
400 gr. de Parmigiano Reggiano DOP (o cualquier otro queso curado)
Pasos
1. Llena un caldero de agua, llévala a ebullición.
2. Cocina la pasta el tiempo indicado
3. Reserva un cucharón del agua de cocción.
4. Cuela la pasta. Devuélvela al caldero con el agua de cocción, la mantequilla y el queso. Dale un par de vueltas.
Bibliografía
Nora, Pierre
2008 Pierre Nora en Lieux de mémoire, Trilce

